viernes, 29 de agosto de 2008

John Lennon Biografia






John Lennon (1940-1980) es uno de los músicos más destacados de la música pop. Integrante y fundador del grupo de Los Beatles (donde tocaba la guitarra, cantaba y componía gran parte del material junto a su compañero Paul McCartney, Lennon ha compuesto muchas de las melodías más conocidas del siglo XX.

Nacido el 9 de octubre de 1940 en Liverpool, Inglaterra, fue abandonado por sus padres con su tía, Mimi Stanley, con quien vivió toda su infancia y juventud. Estudió en la Escuela de Arte de Liverpool donde comenzó a escuchar rock and roll americano. Queriendo emular a su ídolo Elvis Presley, formó varias bandas antes de llegar, finalmente, a los Beatles. The Quarrymen, Johnny & The Moondogs y The Silver Beetles fueron los nombres de estas bandas en las que se hacía acompañar por sus amigos de la escuela (entre ellos Stuart Sutcliffe). Fue en 1956, en una tocada en una Iglesia, que John conoció a Paul McCartney, a quien invitó a unirse al grupo porque podía tocar la guitarra y además, afinarla, un reto imposible para muchachos de esa edad. Más tarde entraron a la banda George Harrison y Pete Best, quien después sería reemplazado por Ringo Starr para así conformar la clásica alineación de los Beatles.

En 1962 comenzó el éxito del cuarteto con su disco Please Please Me. Un año más tarde conquistaron el mercado norteamericano con su disco With the Beatles.

Lennon siempre fue el alma rebelde del grupo, el intelectual, el que en 1966 se atrevió a decirle a la periodista Maureen Cleave que "los Beatles eran más populares que Jesucristo". Fue al que se le ocurrió grabar las guitarras dos veces, superpuestas, para lograr el extraño efecto de And Your Bird Can Sing (incluída en Revolver (1966)) o, en el mismo album, grabar una canción de un solo acorde, basada en el Libro de los Muertos, con loops, grabaciones al revés y toda una gama de sonidos psicodélicos: Tomorrow Never Knows.

Sus canciones con los Beatles siempre fueron más viscerales, casi confesionales, como la popular Help! y la balada folk You've Got To Hide Your Love Away (con clara influencia de su también ídolo Bob Dylan). Luego comenzó a experimentar con historias como la de Lucy In The Sky With Diamonds (basada en un dibujo de su hijo, Julian), Being For The Benefit of Mr. Kite! y A Day In The Life (cuyas letras están extraídas, respectivamente, de un cartel de circo de finales del XIX y de un diario matutino).

Lennon estuvo casado con Cynthia Powell, una jovencita de Liverpool, desde principios de los 60. Pero en 1966 conoció a Yoko Ono con quien contrajo después matrimonio. Yoko, artista también, lo indujo a experimentar aún más allá de la música. La prueba es el extrañísimo track Revolution 9, incluído en el disco The Beatles (1968) (también conocido como "el álbum blanco"). Dichas experimentaciones sonoras y estéticas también forman parte de los álbumes Two Virgins y Life With The Lions (1968 y 69, respectivamente).

En 1970, tras la separación de los Beatles, Lennon comenzó una carrera de solista nutrida de canciones clásicas, aunque nunca en una vena tan comercial como la de su colega McCartney. La rivalidad de ambos tras la disolución del cuarteto se hace evidente en canciones de Lennon, como How Do You Sleep, en la que le reclama "Lo único que hiciste fue 'Yesterday'..." y lo llama "niño malcriado".

Las tendencias políticas de Lennon se habían evidenciado desde las épocas beatles, pero tocaron fondo con canciones como Power To The People. En 1971, una canción política, pero edulcorada, se convierte en lo más conocido de Lennon: Imagine. Por esos años decide mudarse de Londres a Nueva York, pero tuvo problemas para tramitar una visa (se dice que el presidente Richard Nixon lo veía como una amenaza). Al fin, Lennon pudo quedarse en Estados Unidos, iniciando una campaña política con conciertos y manifestaciones.

En sus discos siguientes mantuvo un estándar de calidad, con buenas canciones y ocasionales contribuciones de Yoko y sus amigos (entre los que se contaban George Harrison, Billy Preston, Harry Nielsen, Elton John y David Bowie). Ninguno de sus discos llegó a ser número 1 de popularidad, pero seguía siendo respetado como el 'jefe Beatle', además de sustentar una carrera solista en sus convicciones estéticas, musicales y políticas, no dejándose llevar por el mercado comercial.

En 1975, Yoko da a luz a su único hijo, después de varios abortos: Sean Taro Ono Lennon. Yoko se encargó de los negocios y John se convirtió en una ama de casa, dispuesto a cuidar en todo momento a Sean, incluso abandonando su carrera musical.

Cinco años después, en 1980, Lennon sacó a la venta su esperado regreso: Double Fantasy. El álbum fue un éxito, con sencillos como Beautiful Boy, (Just Like) Starting Over, Watching The Wheels y la rockerísima I'm Losing You. Fue tal el éxito que Lennon regresó al estudio para grabar un segundo álbum al hilo, Milk and Honey. Una noche, al terminar de grabar, con Yoko, unas pistas, sobrevino la tragedia.

Murió asesinado la noche del 8 de diciembre de 1980 en Nueva York, Estados Unidos, por un desequilibrado, Mark David Chapman, que le disparó después de pedirle un autógrafo, a las puertas del domicilio de Lennon, el edificio Dakota. Desde entonces han salido a la venta miles de recopilaciones y homenajes, como una demostración de cariño y respeto al que, probablemente, es uno de los más grandes y más influyentes músicos pop del siglo XX.

Discografía oficial

* Unfinished Music #1: Two Virgins (1968)
* Unfinished Music #2: Life With The Lions (1969)
* Wedding Album (1969)
* Live Peace In Toronto (1969)
* Plastic Ono Band (1970)
* Imagine (1971)
* Sometime In New York City (con Yoko Ono) (1972)
* Mind Games (1973)
* Walls And Bridges (1974)
* Rock 'n' Roll (1975)
* Shaved Fish (recopilación de éxitos) (1976)
* Double Fantasy (con Yoko Ono) (1980)
* The John Lennon Collection (algunos con Yoko Ono) (1982)
* Milk And Honey (con Yoko Ono) (1984)
* Live in New York City (Vivo 1972) (1986)
* Menlove Avenue (1987)
* John Lennon Anthology (recopilación de rarezas) (1998)
* Wonsaponatime (selección de la antología de Lennon) (1998)

PES 2009: Un anuncio sobre la licencia de la liga española es inminente

Un miembro de la compañía nipona transmite en declaraciones a 3DJuegos un mensaje de tranquilidad, pues "habrá sorpresas".
[PES 2009: Un anuncio sobre la licencia de la liga española es inminente]



La pérdida de los derechos sobre la liga española –Liga BBVA- ha sentado especialmente mal a los aficionados de Pro Evolution Soccer en nuestro país, que ven como un campeonato de la importancia del nuestro desaparece de la próxima entrega de las series deportivas de Konami. En las últimas entregas tampoco figuraban entre los equipos los nombres reales de los clubes de la Premier League, ni tan siquiera la Bundesliga al completo; pero la ausencia de la licencia del campeonato de fútbol de primera división ha sido la gota que ha colmado la paciencia de los aficionados.

Sin embargo hemos podido averiguar que Konami guarda un as en la manga en el campo de las licencias para PES 2009, un anuncio sorpresa que según sus responsables “será especialmente importante para los aficionados españoles”.

Borja de Altolaguirre, jefe de prensa de Konami España, ha revelado esta mañana a 3DJuegos que los creadores de Pro Evolution Soccer 2009 están trabajando en un “anuncio sorpresa”. Un anuncio que hará referencia al controvertido tema de las licencias a nivel mundial y europeo para PES 2009, con especial énfasis en nuestra liga española. Según de Altolaguirre, la noticia se conocerá en breve.

El jefe de prensa de Konami además quiso transmitir un “mensaje de tranquilidad” en referencia al nuevo PES en su faceta jugable. En declaraciones a 3DJuegos de Altolaguirre confirmó que la beta probada en Leipzig correspondía “a una versión primitiva del título”, sosteniendo que la versión final “es mucho más avanzada”.

Si quieres estar al corriente de qué aspecto presenta de momento el título puedes leer nuestras recientes impresiones jugables sobre el título deportivo de Konami. Pro Evolution Soccer 2009 se pondrá a la venta en octubre para PlayStation 3, Pc, Xbox 360 y PlayStation 2, con versiones más tardías para PSP y Wii.

jueves, 28 de agosto de 2008

Fotos de Queen










Guitar Hero 4 el 7 de noviembre, y anunciada versión para Pc


Radio Futura representará la música española en World Tour.
[Guitar Hero 4 el 7 de noviembre, y anunciada versión para Pc]
Mucha nueva información sobre Guitar Hero: World Tour, la cuarta y novedosa entrega de las series musicales de Activision. En primer lugar porque la compañía norteamericana ha hecho pública una nueva versión para el videojuego, la de Pc, que se unirá a las de Xbox 360, PlayStation 3, Wii y PlayStation 2.

En segundo término porque en el mismo anuncio se ha revelado que el videojuego saldrá a la venta el 7 de noviembre en Europa; y en tercer lugar porque también se han mostrado nuevos temas: Las nuevas canciones, concretamente 11, vienen a responder al anuncio de un grupo por cada país de la zona europea, y el representante español será Radio Futura con su clásica Escuela de Calor.

A continuación los nuevos temas confirmados:
· Anouk - "Good God" (Holanda)
· Beatsteaks - "Hail to the Freaks" (Alemania)
· Hush Puppies - "You're Gonna Say Yeah" (Francia)
· Kent - "Vinternoll 2" (Suecia)
· Lost Prophets - "Rooftops" (Reino Unido)
· Negramaro - "Nuvole E Lenzuola" (Italia)
· Oasis - "Some Might Say" (Reino Unido)
· Radio Futura - "Escuela de Calor" (España)
· Stuck in the Sound - "Toy Boy" (Francia)
· The Enemy - "Aggro" (Reino Unido)
· Tokio Hotel - "Monsoon" (Alemania)

Y el resto de canciones ya anunciadas con antelación:

· Airbourne - Too Much Too Young...
· Black Rebel Motorcycle Club - Weapon of Choice
· Bob Seger - Hollywood Nights
· Dinosaur Jr. - Feel The pain
· Silversun Pickups - Lazy Eye
· Survivor - Eye of the Tiger
· Black Label Society - Stillborn
· Metallica - "Trapped Under Ice
· System of a Down - B.Y.O.B.
· Blink 182 - Dammit - Blink 182
· Linkin Park - What I've Done
· Paramore - Misery Business - Paramore
· The Doors - Love Me Two Times
· The Eagles - Hotel California
· Sublime - Santeria
· Billy Idol - Rebel Yell
· Foo Fighters - Everlong
· Van Halen - Hot for Teacher
· At the Drive-In - One Armed Scissor
· Jimi Hendrix - Purple Haze (Live)
· Jimi Hendrix - The Wind Cries Mary
· Steve Miller Band - The Joker
· Interpol - Obstacle 1
· The Doors - Light My Fire
· Beat It - Michael Jackson
· Linkin Park - In The End
· Lenny Kravitz - Are You Gonna Go My Way
· Smashing Pumpkins - Bullet with Butterfly Wings
· Ozzy Osbourne - Crazy Train
· Ozzy Osbourne - Mr. Crowley

UEFA Champions League 2008/2009


La Champions 2008/09 ya ha empezado a andar con el sorteo de la fase de grupos, que, como es habitual, ha deparado numerosas sorpresas y enfrentamientos complicados.
En el Grupo A, Chelsea y Roma parecen los conjuntos mejor colocados para pasar a octavos, aunque el Girondins de Burdeos de Laurent Blanc puede ser un rival muy peligroso. El modesto Cluj rumano parece destinado a ser la 'cenicienta', aunque intentará dar guerra en su primera participación.
En el Grupo B, el Inter es el gran favorito, después de quedar encuadrado con Werder Bremen, Panathinaikos y Anorthosis. Los de Mourinho no deberían tener problemas para superar ronda, mientras que la segunda plaza estará mucho más disputada.
El Barça ha quedado encuadrado en uno de los grupos más fáciles junto con Sporting de Lisboa, Basilea y Shakhtar Donetsk. Especial será el reencuentro del club azulgrana con Rochemback, que juega en el conjunto luso, o el regreso del Barça a Basilea, ciudad de grato recuerdo para los aficionados culés desde aquella Recopa del 78-79.
El sorteo ha deparado un duelo morboso en el Grupo D, en el que han quedado encuadrados Liverpool y Atlético de Madrid. El 'Niño' Torres volverá al Calderón para buscar un sitio en octavos, para el que también lucharán Olympique de Marsella y PSV Eindhoven, dos rivales complicados.
En el Grupo E, el Villarreal ha quedado emparejado con el vigente campeón, el Manchester United, al que también se enfrentó en la última vez que el equipo castellonense participó en la Champions. Celtic de Glasgow y Aalborg completan el grupo.
Grupo igualado es el F, que está formado por Olympique de Lyon, Bayern Munich, Steaua Bucarest y Fiorentina. A priori, germanos y franceses son los favoritos, pero la realidad es que cualquiera de los cuatro equipos puede superar ronda.
En el Grupo G, el Arsenal no debería tener problemas para superar fase y meterse en octavos. El equipo de Cesc se verá las caras con Luis Aragonés, puesto que el Fenerbahçe ha quedado emparejado en el mismo grupo. También están en el G Porto y Dinamo de Kiev.
Por último, el Grupo H o bien podríamos decir, el 'Grupo de la Muerte', puesto que el Real Madrid no lo tendrá nada fácil ante dos rivales de peso como la Juventus o el Zenit de San Petersburgo de Arshavin, -vigente campeón de la UEFA-. A priori el BATE Borisov bielorruso poco podrá hacer ante tales rivales.

Grupo A
Chelsea FC (ENG)
AS Roma (ITA)
FC Girondins de Bordeaux (FRA)
CFR 1907 Cluj (ROU)

Grupo B
FC Internazionale Milano (ITA)
Werder Bremen (GER)
Panathinaikos FC (GRE)
Anorthosis Famagusta FC (CYP)

Grupo C
FC Barcelona (ESP)
Sporting Clube de Portugal (POR)
FC Basel 1893 (SUI)
FC Shakhtar Donetsk (UKR)

Grupo D
Liverpool FC (ENG)
PSV Eindhoven (NED)
Olympique de Marseille (FRA)
Club Atlético de Madrid (ESP)

Grupo E
Manchester United FC (ENG, campeón)
Villarreal CF (ESP)
Celtic FC (SCO)
Aalborg BK (DEN)

Grupo F
Olympique Lyonnais (FRA)
FC Bayern München (GER)
FC Steaua Bucureşti (ROU)
ACF Fiorentina (ITA)

Grupo G
Arsenal FC (ENG)
FC Porto (POR)
Fenerbahçe SK (TUR)
FC Dynamo Kyiv (UKR)

Grupo H
Real Madrid CF (ESP)
Juventus (ITA)
FC Zenit St. Petersburg (RUS)
FC BATE Borisov (BLR)

Agatha Christie: "El Club de los Martes"

Raymond West lanzó una bocanada de humo y repitió las palabras con una especie de deliberado y consciente placer: «Misterios sin resolver». Miró satisfecho a su alrededor. La habitación era antigua, con amplias vigas oscuras que cruzaban el techo, y estaba amueblada con muebles de buena calidad muy adecuados a ella. De ahí la mirada aprobadora de Raymond West. Era escritor de profesión y le gustaba que el ambiente fuera evocador. La casa de su tía Jane siempre le había parecido un marco muy adecuado para su personalidad. Miró a través de la habitación hacia donde se encontraba ella, sentada, muy tiesa, en un gran sillón de orejas. Miss Marple vestía un traje de brocado negro, de cuerpo muy ajustado en la cintura, con una pechera blanca de encaje holandés de Mechlin. Llevaba puestos mitones también de encaje negro y un gorrito de puntilla negra recogía sus sedosos cabellos blancos. Tejía algo blanco y suave, y sus claros ojos azules, amables y benevolentes, contemplaban con placer a su sobrino y los invitados de su sobrino.

Se detuvieron primero en el propio Raymond, tan satisfecho de sí mismo. Luego en Joyce Lempriére, la artista, de espesos cabellos negros y extraños ojos verdosos, y en sir Henry Clithering, el gran hombre de mundo. Había otras dos personas más en la habitación: el doctor Pender, el anciano clérigo de la parroquia; y Mr. Petherick, abogado, un enjuto hombrecillo que usaba gafas, aunque miraba por encima y no a través de los cristales. Miss Marple dedicó un momento de atención a cada una de estas personas y luego volvió a su labor con una dulce sonrisa en los labios. Mr. Petherick lanzó la tosecilla seca que precedía siempre sus comentarios.

–¿Qué es lo que has dicho, Raymond? ¿Misterios sin resolver? ¿Y a qué viene eso?

–A nada en concreto –replicó Joyce Lempriére–. A Raymond le gusta el sonido de esas palabras y decírselas a sí mismo.

Raymond West le dirigió una mirada de reproche que le hizo echar la cabeza hacia atrás y soltar una carcajada.

–Es un embustero, ¿verdad, miss Marple? –preguntó Joyce–. Estoy segura de que usted lo sabe.

Miss Marple sonrió amablemente, pero no respondió.

–La vida misma es un misterio sin resolver –sentenció el clérigo en tono grave.

Raymond se incorporó en su silla y arrojó su cigarrillo al fuego con ademán impulsivo.

–No es eso lo que he querido decir. No hablaba de filosofía –dijo–. Pensaba sólo en hechos meramente prosaicos, cosas que han sucedido y que nadie ha sabido explicar.

–Sé a qué te refieres, querido –contestó miss Marple–. Por ejemplo, miss Carruthers tuvo una experiencia muy extraña ayer por la mañana. Compró medio kilo de camarones en la tienda de Elliot. Luego fue a un par de tiendas más y, cuando llegó a su casa, descubrió que no tenía los camarones. Volvió a los dos establecimientos que había visitado antes, pero los camarones habían desaparecido. A mí eso me parece muy curioso.

–Una historia bien extraña –dijo sir Henry en tono grave.

–Claro que hay toda clase de posibles explicaciones –replicó miss Marple con las mejillas sonrojadas por la excitación–. Por ejemplo, cualquiera pudo...

–Mi querida tía –la interrumpió Raymond West con cierto regocijo–, no me refiero a esa clase de incidentes pueblerinos. Pensaba en crímenes y desapariciones, en esa clase de cosas de las que podría hablarnos largo y tendido sir Henry si quisiera.

–Pero yo nunca hablo de mi trabajo –respondió sir Henry con modestia–. No, nunca hablo de mi trabajo.

Sir Henry Clithering había sido hasta muy recientemente comisionado de Scotland Yard.

–Supongo que hay muchos crímenes y delitos que la policía nunca logra esclarecer –dijo Joyce Lempriére.

–Creo que es un hecho admitido –dijo Mr. Petherick.

–Me pregunto qué clase de cerebro puede enfrentarse con más éxito a un misterio –dijo Raymond West–. Siempre he pensado que el policía corriente debe tener el lastre de su falta de imaginación.

–Esa es la opinión de los profanos –replicó sir Henry con sequedad.

–Si realmente quiere una buena ayuda –dijo Joyce con una sonrisa–, parapsicología e imaginación, acuda al escritor

Y dedicó una irónica inclinación de cabeza a Raymond, que permaneció serio.

–El arte de escribir nos proporciona una visión interior de la naturaleza humana –agregó en tono grave–. Y tal vez el escritor ve detalles que le pasarían por alto a una persona normal.

–Ya sé, querido –intervino miss Marple–, que tus libros son muy interesantes, pero, ¿tú crees que la gente es en realidad tan poco agradable como tú la pintas?

–Mi querida tía –contestó Raymond con amabilidad–, quédate con tus ideas y que no permita el cielo que yo las destroce en ningún sentido.

–Quiero decir –continuó miss Marple frunciendo un poco el entrecejo al contar los puntos de su labor– que a mí muchas personas no me parecen ni buenas ni malas, si no sencillamente muy tontas.

Mr. Petherick volvió a lanzar su tosecilla seca.

–¿No te parece, Raymond –dijo–, que das dernasiada importancia a la imaginación? La imaginación es algo muy peligroso y los abogados lo sabemos demasiado bien. Ser capaz de examinar las pruebas con imparcialidad y de considerar los hechos sólo como factores, me parece el único método lógico de llegar a la verdad. Y debo añadir que, por experiencia, sé que es el único que da resultado.

–¡Bah! –exclamó Joyce echando hacia atrás sus cabellos negros de una forma indignante–. Apuesto a que podría ganarles a todos en este juego. No sólo soy mujer (y digan lo que digan, las mujeres poseemos una intuición que les ha sido negada a los hombres), sino además artista. Veo cosas en las que ustedes jamás repararían. Y, como artista, también he tropezado con toda clase de personas. Conozco la vida como no es posible que la haya conocido nuestra querida miss Marple.

–No estoy segura, querida –replicó miss Marple–. Algunas veces, en los pueblos ocurren cosas muy dolorosas y terribles.

–¿Puedo hablar? –preguntó el doctor Pender con una sonrisa–. No se me oculta que hoy en día está de moda desacreditar al clero, pero nosotros oímos cosas que nos permiten conocer un aspecto del carácter humano que es un libro cerrado para el mundo exterior.

–Bien -dijo Joyce–, parece que formamos un bonito grupo representativo. ¿Qué les parece si formásemos un club? ¿Qué día es hoy? ¿Martes? Le llamaremos el Club de los Martes. Nos reuniremos cada semana y cada uno de nosotros por turno deberá exponer un problema o algún misterio que cada uno conozca personalmente y del que, desde luego. sepa la solución. Dejadme ver cuántos somos. Uno, dos, tres, cuatro, cinco. En realidad, tendríamos que ser seis.

–Te has olvidado de mí, querida –dijo miss Marple con una sonrisa radiante.

Joyce quedó ligeramente sorprendidas pero se rehízo en seguida.

–Sería magnífico miss Marple –le dijo–. No pensé que le gustaría participar en esto.

–Creo que será muy interesante –replicó miss Marple–, especialmente estando presentes tantos caballeros inteligentes. Me temo que yo no soy muy lista pero, haber vivido todos estos años en St. Mary Mead, me ha dado cierta visión de la naturaleza humana.

–Estoy seguro de que su cooperación será muy valiosa –dijo sir Henry con toda cortesía.

–¿Quién será el primero?

–Creo que no hay la menor duda en cuanto a eso –replicó el doctor Pender–, puesto que tenemos la gran fortuna de contar entre nosotros con un hombre tan distinguido como sir Henry.

Dejó la frase sin acabar, mientras hacía una cortés inclinación hacia sir Henry. El aludido guardó silencio unos instantes y, al fin, con un suspiro y cruzando las piernas, comenzó:

–Me resulta un poco difícil escoger al tipo de historia que ustedes desean oír, pero creo que conozco un ejemplo que cumple muy bien los requisitos exigidos. Es posible que hayan leído algún comentario acerca de este caso en los periódicos del año pasado. Entonces se archivó como un misterio sin resolver, pero da la casualidad de que la solución llegó a mis manos no hace muchos días.
»Los hechos son bien sencillos. Tres personas se reunieron para una cena que consistía, entre otras cosas, de langosta enlatada. Más tarde aquella noche, los tres se sintieron indispuestos y se llamó apresuradamente a un médico. Dos de ellos se restablecieron y el tercero falleció.

–¡Ah! –dijo Raymond en tono aprobador.

–Como digo, los hechos fueron muy sencillos. Su muerte fue atribuida a envenenamiento por alimentos en mal estado, se extendió el certificado correspondiente y la víctima fue enterrada. Pero las cosas no acabaron ahí.

Miss Marple asintió.

–Supongo que empezarían las habladurías, como suele ocurrir.

–Y ahora debo describirles a los actores de este pequeño drama. Llamaré al marido y a la esposa, Mr. y Mrs. Jones, y a la señorita de compañía de la esposa, miss Clark. Mr. Jones era viajante de una casa de productos químicos. Un hombre atractivo en cierto modo, jovial y de unos cuarenta años. Su esposa era una mujer bastante corriente, de unos cuarenta y cinco años, y la señorita de compañía, miss Clark, una mujer de sesenta, gruesa y alegre, de rostro rubicundo y resplandeciente. No podemos decir de ninguno de ellos que resultara una personalidad muy interesante.

«Ahora bien, las complicaciones comenzaron de modo muy curioso. Mr. Jones había pasado la noche anterior en un hotelito de Birmingham. Dio la casualidad de que aquel día habían cambiado el papel secante, que por lo tanto estaba nuevo, y la camarera, que al parecer no tenía otra cosa mejor que hacer, se entretuvo en colocarlo ante un espejo después de que Mr. Jones escribiera unas cartas. Pocos días más tarde, al aparecer en los periódicos la noticia de la muerte de Mrs. Jones como consecuencia de haber ingerido langosta en mal estado, la camarera hizo partícipes a sus compañeros de trabajo de las palabras que había descifrado en el papel secante: «Depende enteramente de mi esposa... cuando haya muerto yo haré...cientos de miles...»

»Recordarán ustedes que no hace mucho tiempo hubo un caso en el que la esposa fue envenenada por su marido. No se necesitó mucho más para exaltar la imaginación de la camarera del hotel. ¡Mr. Jones había planeado deshacerse de su esposa para heredar cientos de miles de libras! Por casualidad, una de las camareras tenía unos parientes en la pequeña población donde residían los Jones. Les escribió y ellos contestaron que Mr. Jones, al parecer, se había mostrado muy atento con la hija del médico de la localidad, una hermosa joven de treinta y tres años, y empezó el escándalo. Se solicitó una revisión del caso al ministerio del Interior y en Scotland Yard se recibieron numerosas cartas anónimas acusando a Mr. Jones de haber asesinado a su esposa. Debo confesar que ni por un momento sospechamos que se tratase de algo más que de las habladurías y chismorreos de la gente del pueblo. Sin embargo, para tranquilizar a la opinión pública se ordenó la exhumación del cadáver. Fue uno de esos casos de superstición popular basada en nada sólido y que resultó sorprendentemente justificado. La autopsia dio como resultado el hallazgo del arsénico suficiente para dejar bien sentado que la difunta señora había muerto envenenada por esta sustancia. Y en manos de Scotland Yard, junto con las autoridades locales, quedó el descubrir cómo le había sido administrada y por quién.

–¡Ah! –exclamó Joyce–. Me gusta. Esto sí que es bueno.

–Naturalmente, las sospechas recayeron en el marido. Él se beneficiaba de la muerte de su esposa. No con los cientos de miles que románticamente imaginaba la doncella del hotel, pero sí con la buena suma de ocho mil libras. El no tenía dinero propio, aparte del que ganaba, y era un hombre de costumbres un tanto extravagantes y al que le gustaba frecuentar la compañía femenina. Investigamos con toda la delicadeza posible sus relaciones con la hija del médico, pero, aunque al parecer había habido una buena amistad entre ellos tiempo atrás, habían roto bruscamente unos dos meses antes y desde entonces no parecía que se hubieran visto. El propio médico, un anciano íntegro y de carácter bonachón, quedó aturdido por el resultado de la autopsia. Le habían llamado a eso de la medianoche para atender a los tres intoxicados. Al momento comprendió la gravedad de Mrs. Jones y envió a buscar a su dispensario unas píldoras de opio para calmarle el dolor. No obstante, a pesar de sus esfuerzos, la señora falleció, aunque ni por un momento sospechó que se tratara de algo anormal. Estaba convencido de que su muerte fue debida a alguna forma de botulismo. La cena de aquella noche había consistido básicamente en langosta enlatada con ensalada, pastel y pan con queso. Lamentablemente, no quedaron restos de la langosta: se la comieron toda y tiraron la lata. Interrogó a la doncella, Gladys Linch, que estaba llorosa y muy agitada, y que a cada momento se apartaba de la cuestión, pero declaró una y otra vez que la lata no estaba hinchada y que la langosta le había parecido en magníficas condiciones.

»Éstos eran los hechos en los que debíamos basarnos. Si Jones había administrado subrepticiamente arsénico a su esposa, parecía evidente que no pudo hacerlo con los alimentos que tomaron en la cena, puesto que las tres personas comieron lo mismo. Y también hay otra cosa: el propio Jones había regresado de Birmingham en el preciso momento en que la cena era servida, de modo que no tuvo oportunidad de alterar ninguno de los alimentos de antemano.

–¿Y qué me dice de la señorita de compañía de la esposa? –preguntó Joyce–. La mujer gruesa de rostro alegre.

Sir Henry asintió.

–No nos olvidamos de miss Clark, se lo aseguro.

Pero nos parecieron dudosos los motivos que pudiera tener para cometer el crimen. Mrs. Jones no le dejó nada en absoluto y, como resultado de la muerte de su patrona, tuvo que buscarse otra colocación.

–Eso parece eliminarla –replicó Joyce pensativa.

–Uno de mis inspectores pronto descubrió un dato muy significativo –prosiguió sir Henry–. Aquella noche, después de cenar, Mr. Jones bajó a la cocina y pidió un tazón de harina de maíz para su esposa que se había quejado de que no se encontraba bien. Esperó en la cocina hasta que Gladys Linch lo hubo preparado y luego él mismo lo llevó a la habitación de su esposa. Esto, admito, pareció cerrar el caso.

El abogado asintió.

–Móvil –dijo uniendo las puntas de sus dedos–. Oportunidad. Y además, como viajante de una casa de productos químicos, fácil acceso al veneno.

–Y era un hombre de moral un tanto endeble –agregó el clérigo.

Raymond West miraba fijamente asir Henry.

–Hay algún gazapo en todo esto –dijo–. ¿Por qué no lo detuvieron?

Sir Henry sonrió con pesar.

–Esa es la parte desgraciada de este asunto. Hasta aquí todo había ido sobre ruedas, pero ahora llegamos a las dificultades. Jones no fue detenido porque, al interrogar a miss Clark, nos dijo que el tazón de harina de maíz no se lo tomó Mrs. Jones sino ella. Sí, parece ser que acudió a su habitación como tenía por costumbre. La encontró sentada en la cama y a su lado estaba el tazón de harina de maíz.

–No me encuentro nada bien, Milly –le dijo–. Me está bien empleado por comer langosta por la noche. Le he pedido a Albert que me trajera un tazón de harina de maíz, pero ahora no me apetece.

–Es una lástima –comentó miss Clark–, está muy bien hecho, sin grumos. Gladys es realmente una buena cocinera. Hoy en día hay muy pocas chicas que sepan preparar una taza de harina de maíz como es debido. Le confieso que a mí me gusta mucho, y estoy hambrienta.

–Creí que continuabas con tus tonterías –le dijo Mrs. Jones.

»Debo explicar –aclaró sir Henry– que miss Clark, alarmada por su constante aumento de peso, estaba siguiendo lo que vulgarmente se conoce como «una dieta».te conviene, Milly, de veras –le había dicho Mrs. Jones–. Si Dios te ha hecho gruesa, es que tienes que serlo. Tómate esa harina de maíz, que te sentará de primera.

»Y acto seguido, miss Clarkse puso a ello y se acabó el tazón. De modo que ya ven ustedes, nuestra acusación contra el marido quedó hecha trizas. Al pedirle una explicación de las palabras que aparecieron en el papel secante, Jones nos la dio en seguida. La carta, explicó, era la respuesta a una que le había escrito su hermano desde Australia pidiéndole dinero. Y él le contestó diciendo que dependía enteramente de su esposa y que hasta que ella muriera no podría disponer de dinero. Lamentaba su imposibilidad de ayudarle de momento,pero le hacía observar que en el mundo existen cientos de miles de personas que pasan los mismos apuros.

–¿Y el caso se vino abajo? –comentó el doctor Pender.

–Y el caso se vino abajo –repitió sir Henry en tono grave–. No podíamos correr el riesgo de detener a Jones sin tener algo en que apoyarnos.
Hubo un silencio y al cabo Joyce dijo:

–Y eso es todo, ¿no es cierto?

–Así es como quedó el caso durante todo el año pasado. La verdadera solución está ahora en manos de Scotland Yard y probablemente dentro de dos o tres días podrán leerla en los periódicos.

–La verdadera solución –exclamó Joyce pensativa–. Quisiera saber... Pensemos todos por espacio de cinco minutos y luego hablemos.
Raymond West asintió al tiempo que consultaba su reloj. Cuando hubieron transcurrido los cinco minutos, miró al doctor Pender.

–¿Quiere ser usted el primero en hablar? –le preguntó.

El anciano meneó la cabeza.

–Confieso –dijo– que estoy completamente despistado. No puedo dejar de pensar que el esposo tiene que ser el culpable de alguna manera, pero no me es posible imaginar cómo lo hizo. Sólo sugiero que debió de administrarle el veneno por algún medio que aún no ha sido descubierto, aunque, si es así, no comprendo cómo puede haber salido a la luz después de tanto tiempo.

–¿Joyce?

–¡La señorita de compañía de la esposa! –contestó Joyce decidida–. ¡Desde luego! ¿Cómo sabemos que no tuvo motivos para hacerlo? Que fuese vieja y gorda no quiere decir que no estuviera enamorada de Jones. Podía haber odiado a la esposa por cualquier otra razón. Piensen lo que representa ser una acompañante, tener que mostrarse siempre amable, estar de acuerdo siempre y tragárselo todo. Un día, no pudo resistirlo más y se decidió a matarla. Probablemente puso el arsénico en el tazón de harina de maíz y toda esa historia de que se lo comió sea mentira.

–¿Mr. Petherick?

El abogado unió las yemas de los dedos con aire profesional.

–Apenas tengo nada que decir. Basándome en los hechos no sabría qué opinar.

–Pero tiene que hacerlo, Mr. Petherick –dijo la joven–. No puede reservarse su opinión, alegando prejuicios legales. Tiene que participar en el juego.

–Considerando los hechos –dijo Mr.Petherick–, no hay nada que decir. En mi opinión particular y habiendo visto, por desgracia, demasiados casos de esta clase, creo que el esposo es culpable. La única explicación que se me ocurre es que miss Clark lo encubrió deliberadamente por algún motivo. Pudo haber algún arreglo económico entre ellos. Es posible que él creyera que iba a resultar sospechoso y ella, viendo ante sí un futuro lleno de pobreza, tal vez se avino a contar la historia de la harina de maíz a cambio de una suma importante que recibiría en privado. Si éste es el caso, desde luego es de lo más irregular.

–No estoy de acuerdo con ninguno de ustedes –dijo Raymond–. Han olvidado ustedes un factor muy importante de este caso: la hija del médico. Voy a darles mi visión de los hechos. La langosta estaba en mal estado, de ahí los síntomas de envenenamiento. Se manda llamar al doctor, que encuentra a Mrs. Jones, que ha comido más langosta que los demás, presa de grandes dolores y manda a buscar comprimidos de opio tal como nos dijo. No va él en persona, sino que envía a buscarlas. ¿Quién entrega los comprimidos al mensajero? Sin duda su hija. Está enamorada de
Jones y en aquel momento se despiertan todos los malos instintos de su naturaleza y le hacen comprender que tiene en sus manos el medio de conseguir su libertad. Los comprimidos que envía contienen arsénico blanco. Esta es mi solución.

–Y ahora, cuéntenos el verdadero desenlace, sir Heniy –exclamó Joyce con ansiedad.

–Un momento –dijo sir Henry–, todavía no ha hablado miss Marple.

Miss Marple tan sólo movía la cabeza tristemente.

–Vaya, vaya –dijo–, se me ha escapado otro punto. Estaba tan entusiasmada escuchando la historia. Un caso triste, sí, muy triste. Me recuerda al viejo Hargraves, que vivía en Mount. Su esposa nunca tuvo la menor sospecha hasta que, al morir, dejó todo su dinero a una mujer con la que había estado viviendo, y con la que tenía cinco hijos. En otro tiempo había sido su doncella. Era una chica tan agradable, decía siempre Mrs. Hargraves, no tenía que preocuparse de que diera la vuelta a los colchones cada día, siempre lo hacía, excepto los viernes, por supuesto. Y ahí tienen al viejo Hargraves, que le puso una casa a esa mujer en la población vecina y continuó siendo sacristán y pasando la bandeja cada domingo.

–Mi querida tía Jane –dijo Raymond con cierta impaciencia–. ¿Qué tiene que ver el desaparecido Hargraves con este caso?

–Esta historia me lo recordó en seguida –dijo miss Marple–. Los hechos son tan parecidos, ¿no es cierto? Supongo que la pobre chica ha confesado ya y por eso sabe usted la solución, sir Henry.

–¿Qué chica? –preguntó Raymond–. Mi querida tía, ¿de qué estás hablando?

–De esa pobre chica, Gladys Linch, por supuesto.La que se puso tan nerviosa cuando habló con el doctor, y bien podía estarlo la pobrecilla .Espero que ahorquen al malvado Jones por haber convertido en una asesinaa esa pobre muchacha. Supongo que a ella también la ahorcarán, pobrecilla.

–Creo, miss Marple, que está usted equivocada –comenzó a decir Mr. Petherick entre titubeos.

Pero miss Marple meneó lacabeza con obstinación, y miró de hito en hito a sir Henry.

–¿Estoy en lo cierto o no? Yo lo veo muy claro. Los cientos de miles, el pastel... quiero decir que no puede pasarse por alto.

–¿Qué es eso del pastel y de los cientos de miles? –exclamó Raymond.

Su tía se volvió hacia él.

–Las cocineras casi siempre ponen «cientos de miles» en los pasteles, querido –le dijo–.Son esos azucarillos rosas y blancos. Desde luego, cuando oí que habían tomado pastel para cenar y que el marido se había referido en una carta a cientos de miles, relacioné ambas cosas. Allí es donde estaba el arsénico, en los cientos de miles. Se lo entregó a la muchacha y le dijo que lo pusiera en el pastel.

–¡Pero eso es imposible! –replicó Joyce vivamente–. Todos lo tomaron.

–¡Oh, no! –dijo miss Marple–.Recuerde que la compañera de Mrs. Jones estaba haciendo régimen para adelgazar. Nunca se come pastel, si una está a dieta. Y supongo que Jones se limitaría a separar los «cientos de miles» de su ración poniéndolos a un lado en el plato. Fue una idea inteligente, aunque muy malvada.

Los ojos de todos estaban fijos en sir Henry.

–Es curioso –dijo despacio–, pero da la casualidad de que miss Marple ha dado con la solución. Jones había metido a Gladys Linch en un serio problema, tal como se dice vulgarmente, y ella estaba desesperada. El deseaba librarse de su esposa y prometió a Gladys casarse con ella cuando su mujer muriese. El consiguió los «cientos de miles» y se los entregó a ella con instrucciones para su uso. Gladys Linch falleció hace una semana. Su hijo murió al nacer y Jones la había abandonado por otra mujer. Cuando agonizaba, confesó la verdad.

Hubo unos instantes de silencio y luego Raymond dijo:

–Bueno, tía Jane, esta vez has ganado. No entiendo cómo has adivinado la verdad. Nunca hubiera pensado que la doncella tuviera nada que ver con el caso.

–No, querido –replicó miss Marple–, pero tú no sabes de la vida tanto como yo. Un hombre como Jones, rudo y jovial. Tan pronto como supe que había una chica bonita en la casa me convencí de que no la dejaría en paz. Todo esto son cosas muy penosas y no demasiado agradables de comentar. No puedes imaginarte el golpe que fue para Mrs. Hargraves y la sorpresa que causó en el pueblo.

Lo paranormal, los sueños y demas





Los Sueños que son momentos creados por la mente sugestión tal ves muertos tratando de comunicarse con uno quien sabe existe muchas cosas raras tal ves no sean raras solo que no tenemos la respuesta correcta prefiniciones tal ves las cosas mas raras sean las mas inquietantes que hay de los vonis la muerte habra algo mas despues



La iglesia del Sagrado Corazón del Sufragio, en Roma. En ella se conservan objetos que muestran extrañas marcas de fuego: éstas han sido definidas como «testimonios del más allá».

La iglesia del Sagrado Corazón del Sufragio, situada frente al Tíber, en Roma, constituye una curiosidad en sí misma: es la única construcción de estilo neogótico de la capital. Pequeña, apretada entre altos edificios, es una rareza arquitectónica de la Ciudad Eterna. Pero encierra otras rarezas, además de su aspecto exterior.

Dentro de la iglesia hay algo que quizá sea único en el mundo: en un cuartito contiguo a la iglesia se puede adivinar lo que podríamos llamar «una colección de testimonios del más allá». Se trata de un conjunto de sábanas, hábitos, tablillas y páginas de libros encerrados en vitrinas de cristal, todos los cuales muestran signos impresionantes: cruces, huellas ennegrecidas de dedos y de manos.

Esta singular colección fue iniciada en 1897. En aquel año, la capilla de la Virgen del Rosario, situada junto a la iglesia, se incendió. Cuando las llamas quedaron extinguidas el párroco de aquella época, Victor Jouet, observó algo extraño en una pared del altar. Quizá había sido una jugarreta del fuego, pero el hecho era que el humo había trazado un dibujo que resultaba, por lo menos, alucinante: parecía un rostro, un rostro de expresión afligida y melancólica.

Jouet llegó a una conclusión muy personal: quizá era un difunto que trataba de comunicarse con los vivos, probablemente un alma en pena, condenada a pasar un período más o menos largo en el purgatorio. El religioso se preguntó si en otros lugares se habrían registrado apariciones análogas, y comenzó a realizar investigaciones en ese sentido.

La búsqueda no resultó nada sencilla pero, al cabo de algunos años, el padre Jouet consiguió reunir muchos testimonios curiosos que parecían confirmar su hipótesis: en varios casos, almas que se encontraban en el purgatorio se habían manifestado a los vivos, pidiendo plegarias e intercesiones que apresuraran su llegada al paraíso.

La documentación relativa a estos hechos increíbles se conserva justamente en el museo anexo a la iglesia del Sagrado Corazón del Sufragio, un museo escalofriante que permite revivir, a través de las dramáticas «huellas de fuego» que han persistido de ellas, las sombrías historias que ocurrieron en el. pasado.

Una tablilla que tiene impresa la huella de la palma de una mano. La extraña colección fue iniciada en 1897 por el párroco de la iglesia romana.

Era la noche del 21 de diciembre de 1838. José Stitz estaba leyendo un libro de oraciones cuando, de improviso, se estampó en una de las páginas la huella de una mano. El corazón de Stitz dio un brinco de temor, tanto más porque le pareció sentir una presencia insólita, una ráfaga de viento frío. Después, creyó escuchar una voz: reconoció la de su hermano, muerto hacía poco, que le suplicaba que hiciera rezar unas misas por su alma, para abreviar su estancia en el purgatorio. Stitz se sobresaltó; creyó que se había quedado dormido un momento, pero no era así: lo probaba la palma ennegrecida claramente visible en una página del libro.

También le hermana Margarita del Sagrado Corazón recibió, en la noche del 5 de junio de 1864, una visita de ultratumba. La religiosa estaba acostada; de pronto, su celda se llenó de sombras indistintas y una de éstas se fue concretando, lentamente, hasta hacerse reconocible: era la hermana Maria, muerta poco tiempo antes. La aparición, vestida con el hábito de las clarisas –orden a la que había pertenecido la difunta–, parecía desesperada. Cuando vivía –explicó a la atónita Margarita– había cometido un grave pecado: había deseado ardientemente la muerte, con el objeto de sustraerse a los dolores que le causaba la enfermedad que sufría, y a consecuencia de la cual murió. Por esto, le habían correspondido veinte años de purgatorio. El «fantasma» pidió luego oraciones que apresuraran su paso al paraíso. La hermana Margarita, aunque lógicamente se sentía aterrorizada, creía ser víctima de una alucinación. Y, para convencerla, la aparición quiso dejar un signo tangible de su presencia y tocó con un dedo de fuego la funda de su almohada.

Junto a este documento, se encuentra en la iglesia del Sagrado Corazón del Sufragio otro testimonio ultraterreno. Fue dejado, el 1 de noviembre de 1731, por el padre Panzini, abad de la ciudad italiana de Mantua. Su venida a este mundo para pedir la intercesión de los vivos se estampó sobre la túnica de la venerable madre Isabella Fornari, abadesa de las clarisas de Todi, con dos huellas, la segunda de las cuales quemó el hábito y la camisa de la religiosa. El padre Panzini dejó además otros «signos» en hojas de papel y en una mesilla de madera en la que hasta quedó impresa una cruz.

La huella de una mano y de una cruz, dejadas, según las hipótesis que se barajaron en la época, por almas que permanecían en el purgatorio y se presentaban a los vivos para pedir oraciones que aceleraran su paso al paraíso.

La lista podría continuar largamente, pero bastará con recordar aquí otra historia vinculada a una huella de fuego. Se remonta a 1814. Una noche de ese año Margarita Demmerlé, de Metz (Francia), recibió la visita de la madre de su marido: «Soy tu suegra, muerta de parto hace treinta años –dijo el fantasma–. Haz una peregrinación al santuario de Nuestra Señora de Marienthal por mí.» La nuera obedeció, y cuando hubo realizado la peregrinación, la difunta reapareció. Después de agradecerle su bondad le dijo que, finalmente, estaba a punto de ascender al paraíso y le dejó un «recuerdo»: una huella de fuego en el vestido que llevaba.

¿Qué decir a propósito de este insólito «museo del más allá»? Quizá convenga subrayar, en primer lugar, que los episodios ocurrieron en épocas pasadas, cuando la gente quizá estuviera más dispuesta a aceptar la posibilidad de estas «visitas». Hay que observar, además, que estas extrañas apariciones siempre tuvieron lugar por la noche, en las horas que se han revelado como más idóneas para que se produzcan fenómenos de alucinación y sugestión.

Agreguemos, finalmente, que algunas de estas historias tienen como protagonistas, ya a religiosos, ya a creyentes fervientes, como José Stitz, que estaba leyendo un libro de oraciones cuando se le apareció su difunto hermano.

De modo que bien podríamos imaginar que estas personas –que, por otra parte, es posible que estuvieran adormiladas, o en esa especie de ligero trance que tanto se parece al duermevela– hayan provocado ellas mismas esos fenómenos psicokinéticos. En ese caso, los «fantasmas» y sus «huellas de fuego» podrían haber sido creados por sus mentes que, fuertemente impresionadas por su presunto contacto con el más allá, habrían originado acontecimientos PK.

Huella en las páginas de un libro. Todos los episodios que se conocen tuvieron lugar por la noche; por lo tanto, se podrían explicar racionalmente como fenómenos psicokinéticos.

¿Será esta una explicación demasiado racionalista? No deja de ser extraño que ni siquiera quienes creen en la realidad del espiritismo hagan figurar con seguridad «las huellas de fuego» entre los fenómenos que dan fe de una comunicación entre este y «el otro mundo». Hechos de este tipo suceden muy pocas veces en el curso de sesiones mediúmnicas. El estudioso alemán Hartmann informó acerca de uno, ocurrido en presencia de la médium Elisabetta Esslinger:

En el transcurso de una sesión, la mujer, antes de estrechar la mano a una presunta «pobre alma», liberada por medio de sus asiduas plegarias, se envolvió la mano con un pañuelo. Fue una protección utilísima, porque el apretón hizo saltar chispas que dejaron sobre la tela trazas de quemaduras en forma de mano.

Por otro lado, en un opúsculo editado por los misioneros del Sagrado Corazón se puede leer:

La Iglesia condena el espiritismo, considerado una creencia susceptible de evocar con prácticas mediúmnicas el espíritu de los difuntos. Pero el museo recoge solamente huellas causadas por almas que volvieron espontáneamente, para pedir sufragios de plegarias o buenas obras.

Las «huellas de fuego» se hallan, por lo tanto, estrechamente ligadas a un problema de fe. Misteriosas, enigmáticas, constituyen un desafío inquietante para el hombre del año 2000 que, evidentemente, es ya incapaz de sumergirse en una atmósfera que haga posibles fenómenos de este tipo.